LA MEADA DEL MONO

Sí, ‘el Galgo’ tuvo que marcharse de la ciudad porque su vida corría peligro y no sólo por el que él mismo se infligía (estaba totalmente enganchado al maldito ‘caballo’), sino porque se había atrevido a estafar a los que introducían ese veneno en la ciudad, e incluso a otros que simplemente trapicheaban como él para procurarse la ‘ración’ necesaria para evitar padecer los síntomas de lo que se llamaba y se sigue llamando ‘el mono’; síndrome de abstinencia propiamente dicho que provocaba la ausencia del consumo de la droga necesaria según la que cada cual se hubiera hecho al cuerpo.

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EL PORVENIR DE MI PASADO

Se suele usar el término marinero ‘derrota’, en relación a un navío o -en este caso- una persona, cuando se dirige a alguna parte física, o, en su caso a una conclusión que le traerá problemas. Yo lo entiendo como el ‘fallo’ que dicta un juez: puede estar muy seguro de su corrección, pero -como en la ‘derrota’-siempre cabe la posibilidad de errar. La mar es poderosa e inescrutable mismamente como las personas que tantas veces corremos el riesgo de fallar. Todo es relativo y más en el mundo que hemos creado.

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CAMBIO DE RUMBO

Si cae una persona a la mar o herida en la batalla sus compañeros harán todo lo posible para rescatarla. Pero hay un límite al deber que consiste en no poner en juego la vida propia, puesto que -además- sería doble pérdida, una de ellas sacrificio inútil. Si hay dos náufragos flotando gracias a la misma tabla de salvación, pero ésta va perdiendo capacidad portante y sólo puede ya servir a uno, la misma razón de ‘economía vital’ se impone. Pero lo que se ha de intentar hacer es no llegar a ese extremo, sino que quizás haya uno más fuerte (no es tan infrecuente) que pueda tirar del otro hacia el lado de la vida y lo hará hasta el límite de su propia extenuación. Y hasta donde la, en este caso, ‘víctima inicialmente voluntaria’, se deje.

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LA RESACA DE LA NAVIDAD

La del alba debía ser cuando me desperté pues como a «don Quijote» cuando salió de la venta creyéndose armado caballero, a mí también me reventaba el gozo y no precisamente por las cinchas de «Rocinante», sino de lo más profundo del corazón. Del alma más pura y platónica puesto que no pasó nada, es un decir. Simplemente había pasado la noche de la que tan temprano me levantaba, abrazado a Begoña, aunque con pequeñas ‘incursiones’ en forma de caricias. Y eso que la idea de quedarnos solos y en la casa de su padre la noche de Reyes había sido de ella. Ya se sabe y lo he dicho: ellas nos escogen a nosotros y mandan sobre nuestros sentimientos.

Lo que sí pasó fue la Navidad, y el dinero de la Lotería, y un terremoto en nuestras vidas. En la de los cuatro: la de la Luisa y ella; la mía y la de ‘el Galgo’.

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NADA QUE LA TERNURA NO QUISIERA

El Galgo’ nos dio  la Nochevieja, o ya la madrugada de Año Nuevo cuando dormíamos un ratico -por parejas- en aquel apartamento de La Manga cuyas llaves me había dejado el hijo de un amigo de mi padre que se dedicaba a gestionar su alquiler y venta y que, a su vez, era amigo mío: el tío –‘el Galgo’, quiero decir- se había comido una dexedrina (una anfetamina muy fuerte) y le dio un ataque de nervios o ese efecto de agobio y angustia que da la aceleración del corazón como si estuvieras preso o atrapado y no pudieras librarte de la cadena psicológica que te atenaza.. Y menos mal que yo supe tranquilizarle porque las chicas, la Luisa y Begoña, lo pasaron muy mal.. ‘El Galgo’ cuando se le hubo pasado el efecto prometió no hacerlo más. Él con lo nervioso que era ya de natural, pues no era plan echarle más leña al fuego. Y pareció haberlo comprendido. Hay que ve lo que influyen las circunstancias sociales y económicas en estos peligrosos temas.

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UNA NOCHEVIEJA PASADA POR AGUA

Tras estos días sin vernos y sin que, por tanto, te pudiera seguir dando cuenta de nuestras andanzas, para seguir, te refresco un poco la memoria. Estábamos en que nos había tocado un premiecillo en la Lotería de Navidad: un duro por peseta invertida. Ya sabes que es un decir. De tocarnos nada y si acaso fue a la Luisa y a Begoña (que lo organizó todo) que eran las que tenían los dos talonarios de papeletas o participaciones para el viaje de estudios de una compañera mayor y ni ellas ni nosotros, ‘el Galgo’ y yo, Félix, habíamos vendido ninguna. Pero hicimos como quien no quiere la cosa y Begoña puso el dinero para pagarlos como si los hubiéramos endosado todas sus papeletas y fuimos cobrando el premio de la misma forma…

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UNA FELIZ NAVIDAD

Jo, macho, no quiero ni contarte la Navidad que pasamos armados con las treinta mil pesetas que nos habían caído del cielo al tocar uno de esos premios de pedrea -a duro por peseta en nuestro caso-, que se jugaba al número de las papeletas dos de cuyos talonarios habían sido entregados a la Luisa y a Begoña, respectivamente, por una compañera del tercero del Instituto y que eran en realidad para sacar algún dinerillo de ayuda para el viaje de estudios que tenían previsto hacer. Ellas, nuestras novias, se habían olvidado completamente del encargo y no habían vendido ni una sola de aquellas participaciones. Empero, pagamos el nominal’ y fuimos cobrando poco a poco el premio.

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«JARCIAS, OBENQUES Y BURDAS»  por el Alférez de Navío don Antonio García Más.

Cómo decimos entre los Maniobras !!! a punto de rendir esta singladura y despuntando por la proa el alborear  de un nuevo año, quiero felicitar tan entrañables fiestas a mi dotación de familiares, compañeros y amigos y hacerles llegar por este andarivel electrónico mis mejores deseos,

 

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Y VINO LA LOTERÍA DE NAVIDAD

Tal vez -me contaba Félix- podía apreciarse ya cierta distancia entre nosotros. Se dice que una mujer puede interponerse entre dos o más amigos y separarlos. No lo digo de la otra forma ya que podría resultar ordinaria… Y no era el caso ni el uno n el otro. La Luisa y Begoña eran ya nuestras novias. Distintas la una de la otra, claro está, en correspondencia con el carácter de mi amigo ‘el Galgo’ y el mío más tirando a romántico que había subido a Begoña a los altares. Encima -y ahora después cuento exactamente lo que o cómo ocurrió- vino a tocarnos la Lotería de Navidad y con ello a poner un paréntesis morrocotudo en nuestra vida y relaciones.

 

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AMOR Y VIOLENCIA

Sí, yo podía haber sido toda mi vida un romántico. Contaba mi madre que tenía yo apenas cinco años (precisamente en el tiempo en que me llevó a la barbería del tío Venancio y éste me hizo el ‘corte a la taza’) y me dejaron para salir ‘de matrimonios’ al cuidado de la hija de unos vecinos a la que apodaban  ‘la Pirrina’, bueno pues a lo que se ve yo ya no quería jugar con nadie más… Porque, de qué sirve ser un romántico sin persona a la que amar, aunque sea de forma platónica. Y ahora era Begoña el objeto de mis sentimientos. Sí, aquella chica de pelo rizado y azabache como sus ojos, esbelta y culo respingón, me había cautivado. Y lo mejor de todo es que ella parecía corresponderme.

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