Listado de la etiqueta: Begoña

LA MEADA DEL MONO

Sí, ‘el Galgo’ tuvo que marcharse de la ciudad porque su vida corría peligro y no sólo por el que él mismo se infligía (estaba totalmente enganchado al maldito ‘caballo’), sino porque se había atrevido a estafar a los que introducían ese veneno en la ciudad, e incluso a otros que simplemente trapicheaban como él para procurarse la ‘ración’ necesaria para evitar padecer los síntomas de lo que se llamaba y se sigue llamando ‘el mono’; síndrome de abstinencia propiamente dicho que provocaba la ausencia del consumo de la droga necesaria según la que cada cual se hubiera hecho al cuerpo.

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EL PORVENIR DE MI PASADO

Se suele usar el término marinero ‘derrota’, en relación a un navío o -en este caso- una persona, cuando se dirige a alguna parte física, o, en su caso a una conclusión que le traerá problemas. Yo lo entiendo como el ‘fallo’ que dicta un juez: puede estar muy seguro de su corrección, pero -como en la ‘derrota’-siempre cabe la posibilidad de errar. La mar es poderosa e inescrutable mismamente como las personas que tantas veces corremos el riesgo de fallar. Todo es relativo y más en el mundo que hemos creado.

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LA RESACA DE LA NAVIDAD

La del alba debía ser cuando me desperté pues como a «don Quijote» cuando salió de la venta creyéndose armado caballero, a mí también me reventaba el gozo y no precisamente por las cinchas de «Rocinante», sino de lo más profundo del corazón. Del alma más pura y platónica puesto que no pasó nada, es un decir. Simplemente había pasado la noche de la que tan temprano me levantaba, abrazado a Begoña, aunque con pequeñas ‘incursiones’ en forma de caricias. Y eso que la idea de quedarnos solos y en la casa de su padre la noche de Reyes había sido de ella. Ya se sabe y lo he dicho: ellas nos escogen a nosotros y mandan sobre nuestros sentimientos.

Lo que sí pasó fue la Navidad, y el dinero de la Lotería, y un terremoto en nuestras vidas. En la de los cuatro: la de la Luisa y ella; la mía y la de ‘el Galgo’.

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UNA NOCHEVIEJA PASADA POR AGUA

Tras estos días sin vernos y sin que, por tanto, te pudiera seguir dando cuenta de nuestras andanzas, para seguir, te refresco un poco la memoria. Estábamos en que nos había tocado un premiecillo en la Lotería de Navidad: un duro por peseta invertida. Ya sabes que es un decir. De tocarnos nada y si acaso fue a la Luisa y a Begoña (que lo organizó todo) que eran las que tenían los dos talonarios de papeletas o participaciones para el viaje de estudios de una compañera mayor y ni ellas ni nosotros, ‘el Galgo’ y yo, Félix, habíamos vendido ninguna. Pero hicimos como quien no quiere la cosa y Begoña puso el dinero para pagarlos como si los hubiéramos endosado todas sus papeletas y fuimos cobrando el premio de la misma forma…

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UNA FELIZ NAVIDAD

Jo, macho, no quiero ni contarte la Navidad que pasamos armados con las treinta mil pesetas que nos habían caído del cielo al tocar uno de esos premios de pedrea -a duro por peseta en nuestro caso-, que se jugaba al número de las papeletas dos de cuyos talonarios habían sido entregados a la Luisa y a Begoña, respectivamente, por una compañera del tercero del Instituto y que eran en realidad para sacar algún dinerillo de ayuda para el viaje de estudios que tenían previsto hacer. Ellas, nuestras novias, se habían olvidado completamente del encargo y no habían vendido ni una sola de aquellas participaciones. Empero, pagamos el nominal’ y fuimos cobrando poco a poco el premio.

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AMOR Y VIOLENCIA

Sí, yo podía haber sido toda mi vida un romántico. Contaba mi madre que tenía yo apenas cinco años (precisamente en el tiempo en que me llevó a la barbería del tío Venancio y éste me hizo el ‘corte a la taza’) y me dejaron para salir ‘de matrimonios’ al cuidado de la hija de unos vecinos a la que apodaban  ‘la Pirrina’, bueno pues a lo que se ve yo ya no quería jugar con nadie más… Porque, de qué sirve ser un romántico sin persona a la que amar, aunque sea de forma platónica. Y ahora era Begoña el objeto de mis sentimientos. Sí, aquella chica de pelo rizado y azabache como sus ojos, esbelta y culo respingón, me había cautivado. Y lo mejor de todo es que ella parecía corresponderme.

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LAS QUINIELAS (y 2)

Había cundido el pánico entre los miembros de la Peña Taurina «El Astado» por la misteriosa desaparición de don José -maestro de billar también- con el boleto premiado de la quiniela de la semana pasada.

‘El Galgo´ se recuperaba con milagrosa rapidez de la brecha que se había hecho en la cabeza al dar con ella en el pavimiento de la plaza de los Héroes de Cavite. Y ya andaba dando tumbos por la ciudad y especialmente por los alrededores de ese monumento.

En mi también dura cabeza, tampoco cabía un pensamiento más que no fuera sobre la ‘enfermerita’ Begoña. Como les pasaba a los de la Peña sobre don José, no sabía nada de ella.

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LAS QUINIELAS-1: LOS TRES MOTIVOS

Había llegado el lunes y tenía que hacer de nuevo el paripé de todas las semanas como si fuera a coger el camino de la escuela en la que yo creo, con fundamento, que ya ni se acordaban de mí. Había dos diferencias que me facilitaban el escaqueo, así como un ‘motivo poderoso’ para no ir; algo mucho ‘más potente’ que el ‘haraganeo habitual’ que me invadía por aquel entonces.

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EL SALTO MORTAL

Como siempre el grupo o la pequeña manada de golfillos secundaba y seguía al pie de la letra lo que se le ocurría a ‘el Galgo’. Lo natural hubiera sido al revés pues el animalico sigue a la presa o presas del cazador. Así que, tras la mala experiencia con la película de Bruce Lee en el cine “Central” ya estaban en la plaza de los Héroes de Cavite donde el líder quería dar una lección de arte marcial callejero.

 

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