DESEADA DESDE LA ANTIGÜEDAD

Cartagena, XXXV  Edición Fiestas de Carthagineses y Romanos

Aquella noche hacía un calor insoportable. Y ese bochorno se hacía sentir aún más en las hacinadas galeras romanas. Marco, el tamborilero de la VII Cohorte de III Legión romana, estaba embarcado en una de ellas, de las que comandaba Cayo Lelio. La galera está fondeada al lado de la isla de Escombreras, enfrente del puerto de Cartagena (o aún, de momento, Qart-Hadasht), ciudad que tienen sitiada por tierra también.

Marco tiene 17 años y está muerto de calor. El agua, darse un baño, se hace de lo más apetecible. Era una noche del tardío verano que hace por estos lares, hacia el año 210 antes de Cristo. La mar estaba en calma.

Ha llegado nadando hasta La Cortina. Se siente mucho mejor y decide tumbarse en la orilla

—Eh, tú —ha oído decir y entendido perfectamente. Marco se sobresalta y echa mano a la pequeña daga que lleva consigo. Por entre las rocas adivina la silueta delgada pero fuerte, sarmentosa diríamos, de Ginés. —¿A que no te atreves a saltar desde allí —dice éste señalando hacia la «Punta del Águila». Y Marco contesta: “Vayamos”.

Han estado bañándose y saltando desde el farallón, jugando al billar con las estrellas para adivinar las constelaciones. Ginés se lleva a Marco a conocer la ciudad. Es un pícaro, un Icue que conoce todos sus rincones y cómo entrar en una ciudad que ahora mismo está sitiada por mar por la escuadra de Cayo Lelio y, por tierra, por las legiones de Escipión.

En la ciudad hay una gran agitación, cuyo ritmo lo marcan los tambores y trompetas y, sobre todo, hay un murmullo multicolor de personas de todo el mundo conocido. Es una ciudad múltiple: hay muchas ciudades que coexisten en el espacio y en el tiempo, donde cada piedra tiene su historia.

Nada queda sin ver. Todo, todo lo que ha hecho de la legendaria Mastia, Qart-Hadasht, Carthago-Nova y las diversas Cartagenas que vinieron después, una ciudad deseada desde la Antigüedad. Pues como dijo el profesor Manuel Albaladejo -ya hablaremos de él un día-: “En Cartagena nací, allí viví y, si no hay más remedio, en Cartagena quiero morir.”

 

Nota: Uno aquí sacando ficciones de realidades. A veces en mayor porcentaje de una; otras de la otra. Y tengo cierto cargo de conciencia. Seguramente la guerra nunca debiera ser objeto de recreación sobre todo en unos momentos en que su, trágica hasta lo indecible, asola gran -demasiada- parte del mundo y cuyas víctimas son, también en gran parte, mujeres y dolorosamente niños. PAX, por favor.

Aniceto Valverde Conesa

Fotografía: «Envato Elements».

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