UNA GRIEGA EN QART HADASHT

Cualquiera que aparezca estos días por la ciudad de Cartagena puede sufrir una auténtica catarsis. No en vano el monte «Sacro», de las cinco colinas que la bordean, era la dedicada a «Kronos» por los griegos y a «Saturno» para los romanos. Es, en definitiva, el pasillo del tiempo como las vías del suburbano de la novela «1Q84» de Murakami.

Te pueden haber advertido de que vienes a una ciudad de raigambre militar, pero eso de que te pase al lado una cohorte romana o una tropa cartaginesa, ambas en pie de guerra, no es habitual que se diga. Tampoco lo es que tú, de repente, lleves también una túnica y sandalias y, por obra y gracia de estas jugarretas del tiempo, seas una reportera, una musa griega -todos sabemos que eran los cultos de la época- desplazada a la zona por encargo del correspondiente dios director de la obra en el rotativo hoy en día, a mayor abundamiento, digital.

Estamos en el siglo III antes de Cristo y las crónicas dicen que el general romano Escipión está a punto de tomar Qart Hadasht. Sin embargo, Aníbal, líder de los carthagineses, no se muestra en exceso preocupado, según te manifiesta. “Hoy saldré de copas”, agregó. Y, en efecto a la anochecida, en la ciudad quedó solo el gobernador Magón.

La guerra era entonces, como desgraciadamente ahora, una forma de vida. La gente se pasaba la vida peleando o, dicho de otro modo, las guerras duraban toda la vida de los hombres. Es por ello que cuesta trabajo creer a Polibio cuando dice que Escipión tomó la que sería Carthago-Nova en unas horas o en un solo día. A eso tuvo que echarle un buen rato por muy Escipión que fuera, a mí que no me digan…

Es día de mercado y la guerra se para; se para igual que para comer, dormir, o para hacer o deshacer el amor.

—Mire, a mí lo que me importa es vender bien este esclavo. Me da igual Aníbal o Escipión. ¿Qué quiere que le diga? —dijo el fenicio —¿No le interesa?

—Yo estoy con los celtas. Y vamos a ganar.

—Pues yo soy del Barça.

—Bueno hombre, no se enfade, que de este partido hace ya muchos siglos.

—A mí lo que me gusta es el garum. Y el pulpo o los michirones —dijo un  lusitano.

—Pues tomemos algo y después vayamos a visitar el teatro romano.

—Acho te has colado. Eso será después, cuando manden los romanos una temporadita.

—Ya, ya, tú me entiendes. Tenemos tiempo…

Y tú vas tomando nota de todo esto. Y vas andando por una ciudad de mil caras e historias para al final, enviar un correo electrónico a la Redacción: “Jefe, aquí no hay crónica de guerra que valga. Esto es una fiesta. Pero me quedo unos días. Seguiré informando. Monte Kronos (Qart Hadasht), hacia 210 a.C. para 2024 de nuestra Era.

 

Aniceto Valverde Conesa

 

 

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