AMOR y LIBROS

Arturo Pagán hace el turno de noche en una fábrica. Vuelve a su casa a las seis de la mañana, justo a tiempo para despertar a su mujer, Carmen, que apura en la cama unos instantes de sueño hasta que oye el café salir y se pone corriendo su bata y se ordena con las manos el pelo.

Le da un poco de vergüenza que su marido la vea así: no es lo mismo que cuando duermen juntos y los dos se levantan al mismo tiempo. Él siente también apuro de su cuerpo sudoroso. Se rehúyen la mirada que ambos tienen fija en la taza de café que beben corriendo para ir al aseo. Todas las mañanas chocan en la puerta del cuartito de baño: “Pasa tú”. “No, no, entra tú primero”. No se aclaran y acaban compartiendo ese estrecho lugar de su modesta casa dándose empujones sobre el lavabo para alcanzar la pasta de dientes o acertar a verse en el espejo. A veces en ese roce y forcejeo surge el amor. Casi no tienen otro momento. Carmen siempre acaba exclamando: “Dios mío, qué tarde se me ha hecho.” Ella trabaja en las cocinas de un hospital y tiene que estar allí antes de las ocho de la mañana, tras los cocineros y para eso tiene que coger varios autobuses haciendo un recorrido tan largo como el que ha hecho su marido en la Vespino para volver a casa. Casi siempre tiene que doblar el turno porque las cosas no les van demasiado bien y a Arturo no paran de decirle en la fábrica que escasea el mineral o que su precio ha bajado en los mercados, según las épocas, o que los costes de producción han subido y que la empresa prescindirá de gran parte de su plantilla o, cuando menos, que harán un ERTE a parte de los trabajadores. Todos esos rumores circulan con gran facilidad en el turno de noche entre el aullido de las máquinas y el calor abrasante de los hornos de fundición que es una actividad esencial y por ello se mantuvo en funcionamiento incluso en los tiempos de la COVID-19. Eso que ahora nos parece ya tan lejano.

Cuando Carmen se marcha Arturo recoge las cosas del desayuno y se mete en la cama que su mujer casi acaba de abandonar precipitadamente. Se consuela con el calor que ella dejó. Duerme hasta media tarde en que suele ir a hacer la compra. A ambos les gusta comprar juntos libros, pero es raro que puedan hacerlo, y ahora menos aún. Arturo hubiera querido ir hoy a comprar uno para Carmen. El día 23 de abril es su aniversario y entre unas cosas y otras no había tenido tiempo de hacerle ningún regalo. Prepara la cena y pone la mesa justo a tiempo para sentarse con ella. Pero él ya está pensando que se tiene que ir al trabajo…

Carmen recoge la mesa mientras oye el ruido de la Vespino alejarse. Se queja cariñosamente de las cosas que su marido no terminó de hacer bien en la casa. Casi no tiene tiempo de nada más antes de irse a la cama con el libro, el de los amores difíciles, que Arturo le ha regalado, comprándolo por Internet una de esas mañanas en que añora a su mujer, Carmen. Una lágrima de amor, ternura y soledad le recorre la mejilla. Acaba de enterarse de que espera un hijo.

 

Aniceto Valverde Conesa

 

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