EL PENSAMIENTO DE LA HUMANIDAD

Ayer fue el «Día de la Radio» y yo escuchaba un programa en Radio Nacional de España, Radio Clásica, sobre el ‘pensamiento de la Humanidad’ en la música en general. Pusieron un concierto de Luis de Pablo que se titula así. Y yo ya empecé a darle vueltas a la cabeza…

Decir pensamiento de la Humanidad es aludir a un concepto amplio que engloba la totalidad de las ideas, filosofías, creencias y sistemas de conocimiento que han ido emergiendo a lo largo de la historia y que, en conjunto, han permitido a la especie humana intentar comprender su existencia, el universo y sus propias relaciones sociales para interpretarlas o interferir en ellas. Así lo entiendo. De hecho, el concierto que escuchaba y toda la obra de De Pablo se caracteriza por una profunda reflexión sobre temas universales y por su contribución a la música contemporánea en España. Mi amigo, el músico y poeta Antonio Bernal –también perteneciente a la Asociación de Escritores de Cartagena (AESCT)– sabrá más que yo del tema.

No se trata –en principio o incluso definición– de un pensamiento individual, sino del resultado del esfuerzo colectivo de innumerables culturas, épocas y comunidades, cada una aportando su visión y modo de entender la realidad o, en verdad y como se ha dicho, de transformarla, incluso acomodarla al pensamiento dominante en un momento determinado de la Historia. O sea, se trata de un fenómeno pasivo (objeto) en cuanto que genera manifestaciones culturales y activo (fin) como fundamentación política, justificación –en muchos casos– de la acción de gobierno, según lo entendía el sociólogo alemán Max Weber.

Los principios de esta disciplina se encuentran –cómo no– en la Grecia Clásica donde el paso del mito al logos (la razón y el discurso) marcó el inicio del pensamiento racional, el pensamiento de la Humanidad ha estado en constante evolución. Con Sócrates, Platón y Aristóteles se inaugura una tradición de reflexión crítica y sistemática que sentó las bases para la filosofía occidental, como es bien sabido.

Igualmente, el pensamiento de la Edad Media se vio profundamente marcado por la fe y la autoridad religiosa, mientras que el Renacimiento y la Modernidad impulsaron la centralidad del individuo, la razón y el método científico. En la contemporaneidad, la pluralidad de corrientes, desde el existencialismo y la fenomenología hasta el postmodernismo y la filosofía analítica, muestran la marcada tendencia hacia un feroz individualismo de la contemporaneidad.

Podemos relacionar el concepto con el de las edades del hombre. Y no obstante ese individualismo egoísta del hombre moderno, acogernos a la alegación: “mira, es que yo soy yo y mi circunstancia”, y entender que nos está queriendo decir que no todo lo que le sucede depende de él, que él o ella no son del todo responsables porque también han influido las circunstancias, a modo de eximente de nuestros desatinos. Se trata de la famosa frase del filósofo español José Ortega y Gasset.

La música clásica ha sido considerada a menudo el lenguaje universal de la humanidad. A través de sus formas –ya sean sinfonías, conciertos, sonatas o fugas– los compositores han intentado plasmar conceptos que trascienden el tiempo y las fronteras culturales. Obras emblemáticas, como la Novena Sinfonía de Beethoven, no solo muestran una maestría técnica, sino que también comunican un mensaje de hermandad y libertad que resuena en lo más profundo de nuestra condición. Uno entiende que ello se ha perdido en nuestra edad.

La idea es que cada gran obra musical es, en cierto modo, un compendio del espíritu de su tiempo y una ventana hacia la condición humana. Los compositores no solo crean melodías; ellos construyen marcos conceptuales en los que se entrelazan la razón y la emoción, lo individual y lo universal. Así, la música clásica, en concreto, se convierte en un espejo en el que se reflejan tanto las grandes preguntas –como el sentido de la vida, la lucha por la libertad, la belleza y la trascendencia– como las respuestas que, a veces, solo pueden sugerirse a través del lenguaje inefable del sonido.

Todo eso está muy bien. Pero a lo que yo iba es a concluir que creo que nada bueno dirán los historiadores, incluso los actuales, de esta época convulsa que nos ha tocado vivir. A la vista está.

Aniceto Valverde Conesa

De la Asociación de Escritores de Cartagena

Ilustración: Getty Images

Fuentes:

                Radio Nacional de España, Radio Clásica

                «Manual de Ciencia Política» (Ed. Civitas)

                «Los discursos del poder. Palabras que cambiaron el mundo» (AA.VV.)

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