EL AIRE Y EL ‘TRABAJO’ HACE LIBRES A LOS HOMBRES

Este año hace ochenta que fue liberado el campo de exterminio nazi de Auschwitz.

Hace muchos siglos más ya que se acuñó el principio jurídico, presumiblemente de origen germánico, que se enunciaba diciendo: “Stadtluft macht frei”, es decir, “el aire de la ciudad hace libres” (a los hombres.)

En este sentido, en algunos discursos históricos y en materiales didácticos, se hace referencia a este adagio para explicar el trasfondo jurídico y social que permitía que, tras cumplir con ciertos requisitos (como residir un año y un día en la villa), los siervos lograran la libertad urbana. Dicho mecanismo es una de las claves de la función liberadora de los fueros. Un ejemplo literario de aplicación de este principio jurídico, ya en el siglo XIV, es la historia contenida en la novela «La catedral del mar» de Ildefonso Falcones, siendo su fundamento de hecho o motivación la lucha por consolidar la monarquía frente al poder de los señores feudales, incrementando una clase social libre, liberada de la esclavitud feudal, habitante de los burgos cuya creciente prosperidad -de paso y en muchos casos- financiase las guerras que aquélla tenía emprendidas.

Con el advenimiento en el primer tercio del siglo XX del Régimen Nazi, la frase que enunciaba aquel principio jurídico liberador de raigambre medieval, se trajo a colación -digamos- clonada para encubrir la brutal realidad de los campos de concentración. La cruel ironía venía de la mano de una tergiversación que daba como resultado una nueva expresión: “Arbeit macht frei”, es decir, “el trabajo hace libres” (a los hombres.) Así, en los campos de Auschwitz, Dachau y otros, la inscripción fue colocada como pórtico de entrada sugiriendo que esos trabajos forzados conducirían a la libertad a los prisioneros cuando la realidad, como es bien sabido, era muy distinta.

Esta manipulación, como ha sido bien estudiado, no era gratuita, sino que servía a fines psicológicos y propagandísticos. Podía hacer creer a los prisioneros que verdaderamente alcanzarían la libertad mediante el trabajo -como hemos dicho-, cuando esa liberación sólo se lograba con la muerte…

La frase “Arbeit macht frei” ha dejando la impronta de la crueldad nazi practicada en el Holocausto. Y se contrapone palmariamente a su propio uso durante el siglo XIX en estudios de derecho del Trabajo, como al principio del “Stadluft macht frei”.

Los pueblos que olvidan la Historia -o que la manipulan deliberadamente, añadiría- están condenados a volver a vivirla.

 

Aniceto Valverde Conesa

Máster en Derecho del Trabajo y la Seguridad Social

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