ESPÉRAME EN EL CIELO

El teniente coronel del Cuerpo Jurídico de la Armada Roberto Martínez, a sus cincuenta y cinco años, llevaba ya mucho tiempo en la reserva. El Servicio Militar había dejado de ser obligatorio y otras reformas en las leyes militares como la de 1987, habían disminuido notablemente las necesidades de este personal. Si el Sr. Martínez se encontraba en ese Cuerpo lo era por el empecinamiento que había puesto su padre, honroso antecesor en el mismo, porque a él -al teniente coronel Roberto hijo- le hubiera gustado más un destino en la mar que le ayudara a profundizar en sus conocimiento y gusto por la matemática y física aplicadas a los fenómenos meteorológicos y a la astronomía. El pase a la reserva le había dado una segunda oportunidad en la vida para su desarrollo personal en esos campos si bien sus ‘avances’ le producían cada vez más zozobra.

El teniente coronel Roberto Martínez estaba casado con un encanto de persona, Carmencita la llamaba cariñosamente todo el mundo, era alegre y dulce como la miel, y tenía una voz preciosa. Era profesora de religión y daba clase desde a los pequeños a los más mayores que terminaban la Primaria. Tenía una paciencia infinita que derivaba de su fe sencilla y carácter humilde.

El teniente coronel y la señorita Carmencita no habían tenido hijos. No pretendo comparar, pero siempre habían tenido acogido a un perro. Les gustaban pequeñicos y pacíficos. El último fue ‘el Puchito’.

Los cálculos que se hacía el teniente coronel (hacía y rehacía) eran su vocación, empero cuanto más profundizaba con el paso del tiempo y una obsesión ya casi enfermiza, le sumían en la más profunda tristeza o casi depresión puesto que no encontraba nada válido objetivamente hablando, que los postulados de la llamada Teoría del Caos, según la cual, en síntesis y a groso modo, cualquier cosa era posible e impredecible. Lo que hallaba, la vertiente desordenada de la teoría. Y encontraba reflejo hasta en la música clásica. Leía:

«Xenakis fue compositor arquitecto y matemático. Sus composiciones complejas hacen comprensible el estrecho enlace entre la música y la matemática. Por ejemplo, la Teoría del Caos: En “Okho para tres percusionistas” suenan tres baterías al mismo tiempo, para retrasarse un nanosegundo progresivamente desfigurando la música, hasta que en algún momento vuelvan a fluir hacia la concordancia.»

Así estaban ocurriendo todos los enfrentamientos bélicos en el mundo. No podía ni ver las noticias.

Sólo las palabras de su mujer que le hablaba precisamente de la concordancia (hipotética en verdad) a la que las cosas deben llegar formando el caos ordenado en una paz deseable, las que le sacaban de su grave pesimismo. Si la había querido mucho y lo seguía haciendo ya es que su vida dependía de ella, de ese bálsamo que le proporcionaba con sus palabras. Sin olvidar tampoco al perrico ‘Puchito’. La sencillez emocional de ambos, esa paz interior, era como un flotador, un salvavidas para él.

Pero la vida real es cruel y casi me atrevo a pensar que está dominada por la vertiente maligna del caos. Como malignos fueron los síntomas que presentó Carmencita; tanto que falleció fulminantemente.

Su entierro fue una multitudinaria expresión de dolor.

Cuando se quedaron solos el perro y su amo, aquél le dijo a éste: “Yo me marcho también. Ella no quiso decirte nada. Pero yo ya estaba enfermo incluso antes de que a ella le detectaran también el cáncer.”

La soledad lo inundó todo y el teniente coronel Roberto Martínez cayó en el vacío. Una semana después la señora que tenían contratada para labores de limpieza lo encontró muerto sobre la cama de matrimonio que tantos años había compartido con su mujer. “Espérame en el Cielo, corazón.”

 

Aniceto Valverde

0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *