SALTO MORTAL

Ella sabe que si no es capaz de representar en su mente el ejercicio a la perfección tampoco conseguirá llevarlo a la práctica, a la ejecución, a la realidad de la misma forma sin mácula. Tenía veinticinco años y llevaba casi la mitad de su vida entrenando en los complejos deportivos de cada vez mayor nivel de su país. El número o cantidad de competidoras se iba ampliando y, consiguientemente, estrechando o disminuyendo las posibilidades de alcanzar el objetivo. Todas con el mismo sueño de clasificarse para los Juegos Olímpicos. En el caso de su grupo para las pruebas de salto de trampolín de piscina, clavado o, en plural, saltos ornamentales. Ella le tenía una especial afección al llamado de ‘tirabuzón’.

Da unos pasos sobre la tabla y se pone de espaldas en su borde, o sea, con ella dando a la especie de torreta donde están anclados los trampolines. Ella sabe. Un, dos, tres. Ella sabe que si no vacía su cerebro de cualquier otra cosa y lo dedica, en cuerpo y alma, a calcular, a analizar el salto, éste no saldrá en su ejecución, perfecto… Un, dos, tres, cuatro, cinco. Y sus expectativas de obtener la medalla olímpica se esfumarán. El ritmo tiene que ser exacto, pero no excesivamente brusco, aunque esto último -en buena dosis- le dará un halo de precisión de entrenamiento militar, aunque el espíritu de los Juegos Olímpicos no sea ése, precisamente, sino -si cabe- el de la paz o incluso resolución pacífica de las controversias en el sentido de dirimirlas en el esfuerzo y rendimiento del país en ellos. No en vano, los inventaron los griegos y se celebraron en la ciudad de Olimpia, los primeros, los de la Edad Antigua, que fueron realizados entre los años 776 a. C. y el 393 de nuestra era.

Yo proclamo mi fidelidad a Grecia, como dice el filósofo Emilio Lledó. Yo soy occidental y nuestras raíces, el de nuestra (hay que decirlo también) maltrecha civilización yacen en el ágora ateniense. Les invito a un paseo al modo peripatético o estoico, si es su deseo. Yo estoy a su servicio…

Un, dos, tres, saltitos sobre la tabla, despegue; un, dos, tres, cuatro, cinco, giro o tirabuzón. Lo voy a conseguir. Un, dos, tres, cuatro, cinco y seis, zabullida en el agua, piernas en ángulo recto. … perfecto carpado…



PD.- Por determinadas circunstancias personales este texto no pudo salir en el momento previsto. Lo publico ahora, aún con el recuerdo, considerando que la reflexión sobre la superación humana sigue vigente.
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