EL CONTRATO
—Pero si yo di de baja ya el suministro —bramaba el abonado. Había ‘hablado’ ya con un robot telefónico: “¿He resuelto ya su problema?”, le escribió en el ángulo inferior derecho de la pantalla de su ordenador. —No, no y no —había replicado él por el mismo medio cibernético. “Llame al teléfono que aparece en pantalla” y muy cortésmente se despidió el ciborg.
El abonado ya empezó a mosquearse, pero qué remedio, así que empezó a teclear el aludido número y el móvil se conectó inopinadamente a su computadora mediante un enlace bluetooth y no oía nada porque tenía los auriculares estropeados. Afortunadamente pudo desconectar la conexión entre ambas máquinas cuando al otro lado de la línea se decía el número de la extensión correspondiente a “Bajas” y a pulsar el dígito tres al que correspondía dicha pretensión. Sonó una musiquilla un tiempo que le pareció eterno, sólo interrumpido por una voz igualmente maquinal que decía “Todos nuestros operadores están ocupados. Permanezca a la espera y será atendido”. Llegó ese momento y otra voz esta vez humana, pero apenas entendible entre la jauría que de otras muchas que debían estar al mismo tiempo en la misión de atender al paciente, digo, al cliente, y tras darle los datos pertinentes, le dijo lo de que él no sabía por qué estaba en esas si ya había dado de baja el suministro. A duras penas entendió que la voz humana le decía que entonces tenía que pasarle a otro departamento, añadiendo: “No le interesaría contratar con nosotros el súper bono plus mega energía “. —Pues no. Yo lo que tengo es que resolver este maldito problema y seguir con mi trabajo. Que no sé por qué me tienen que cobrar por algo que ya no tengo—, al abonado se lo llevaban ya los demonios.
Por fin, y dicen que a la tercera va la vencida y se ve que el pobre había sorteado ya suficientes obstáculos (filtros, se podría decir) y escuchado bastante musiquilla, el cliente dio con alguien que le diera razón del tema: “Mire, aquí figura Ud. de alta en el contrato de mantenimiento de la instalación de la calle Melancolía y aunque Ud. efectivamente diera de baja el suministro, el mantenimiento va aparte.” —No entiendo cómo puede ser eso así (se dice que lo accesorio sigue a lo principal), pero bueno —dijo resignado—. Deme Ud. de baja, por favor. “No, para eso tiene Ud. que mandarnos un correo electrónico.”
En aquel momento el sufrido abonado se alegró infinitamente de haber hecho los cursos de Informática del Servicio de Empleo y Formación de su Comunidad Autónoma.
Nota: Todo mi respeto para las personas que tienen que ganarse la vida de alguna de las formas expresadas.
Aniceto Valverde Conesa




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